San Lorenzo, el último campeón, se despidió tras la derrota ante Danubio.

San Lorenzo tenía que ganarle a Danubio, pero también necesitaba que el San Pablo no lo hiciera ante Corinthians. Noventa minutos después, San Lorenzo perdió 1-0, el San Pablo ganó 2-0 y así el Santo de Boedo se despidió de la Copa Libertadores en la primera fase. Hasta ahí llegó la defensa de su título.

El de anoche fue un sólo partido que entre dos canchas. En una de ellas, el Nuevo Gasómetro, San Lorenzo intentaba hacer su parte: ganarle a Danubio. En la otra, la del Morumbí, el San Pablo buscaba el triunfo que le diera su pasaje a octavos de final ante su clásico rival, un Corinthians ya clasificado.

Interesaba lo que hacía cada uno, pero también lo que hacían los otros. Sobre todo San Lorenzo, que dependía de su propio triunfo tanto como de una derrota del San Pablo, o al menos de un empate.

Pero las noticias fueron malas durante todo el primer tiempo. Porque fue incapaz de vencer a un equipo que había perdido los cinco partidos que había jugado y porque desde Brasil llegaba el dato de que Corinthians se quedaba con diez por una roja a Emerson y porque se sucedían los goles del San Pablo, primero el de Luis Fabiano y después el de Michel Bastos.

En el Gasómetro, San Lorenzo careció del fútbol necesario para doblegar a un Danubio que buscó hacerle partido y que por momentos lo consiguió. Urgido por goles, el Ciclón atropelló a su rival sin pensar, algo que sólo podía hacer Romagnoli.

Arriba, la dupla Matos-Cauteruccio se entendió poco, pero cuando lo hizo presionó a la defensa uruguaya que mostró ciertas grietas que el Ciclón no supo aprovechar.

Promediando la etapa, Danubio se animó aun poco más, le sacó la pelota a su rival aunque no generó peligro ante el arco de Torrico. Un cabezazo de González, a los 43, que sacó Torrico fue lo más peligroso de la visita.

San Lorenzo tuvo su primera llegada clara a los 20 cuando Matos y Yepes se perdieron el gol abajo del arco. Recién a los 47 tuvo otra opción clara, esta vez por intermedio de Cauteruccio, pero su remate interrumpido cuando la pelota iba camino al gol.

En el complemento, Bauza mandó al campo a Ávila por Villalba y el ataque de San Lorenzo tuvo algo más de pimienta, pero no logró mejorar su mayor déficit: la generación de juego. Anoche, San Lorenzo, como a lo largo de toda la Copa, careció de creatividad para resolver sus partidos.

El problema del Ciclón era que en Brasil el triunfo de San Pablo estaba casi resuelto y nada de lo que hiciera en su propia cancha le serviría. Aún así, era incapaz de quebrar a su rival, que en el segundo tiempo no inquietó más.

El transcurso del complemento fue tortuoso para el aún campeón del torneo. Sin los goles del Corinthians en el Morumbí, nada que San Lorenzo hiciera en su propia cancha le iba a servir. Aún así, hizo poco y nada.

Sabiéndose afuera de la Copa por motivos externos, al menos anoche, San Lorenzo le fue soltando la mano lentamente a su partido. Atacó por inercia y sus remates fueron sin ninguna convicción. En el minuto 44 Viana convirtió el gol del triunfo para Danubio. Sólo eso. San Lorenzo ya estaba en otro lado.

   

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